EL CAFÉ DE LOS VIERNES Y LA ACEPTACIÓN DE LA CUARENTAÑERA

El café de los viernes

Hoy, la que te va a dar el café soy yo, la Infanta Cristina y te cuento que una de las cosas a nivel personal y profesional que más me ayudó el año pasado fue asistir durante el invierno a mis sesiones de Mindfulness. Igual no tienes ni idea de lo que es igual eres un fiel asiduo, en cualquier caso esto lo ampliaremos porque solo Mindfulness necesita un Compartir es Vivir para él solito.

A lo que iba, que a parte de lo que esta nueva rutina me ayudó a nivel personal y profesional una de las cosas que más me han servido ha sido reconocer la diferencia entre resignación y aceptación.

La primera es ir por la vida (así en términos de andar por casa) como “puffff, esta es mi cruz”. Imagino que ya lo sabrás pero ya te digo yo que no ayuda nada ir con esa actitud.

La segunda se trata de mirar las cosas como desde fuera, con distancia “vale, tengo esto, lo manejo, sigo con mi vida e intento que me afecte lo menos posible”. Es difícil, si, pero se puede conseguir y te lo digo yo que el trago que he conseguido asumir era bastante chungo.

Por lo tanto, con este grado de aceptación en mi vida, he hecho una lista con todo lo que llevo aceptado en mi etapa cuarentañera y que desde el mismo momento en que se lo que hay, te aseguro que todo me va mucho mejor.

Ahí vamos:

  • Nunca en la vida voy a llegar  pronto a trabajar ni dejar mi cara de galgo de foto finish al fichar. Si tenemos en cuenta que la mayoría de los días me levanto a las 06:15 y que llego a trabajar a las 09:45 pensarás que qué coño hago durante 3 horas y media para no poder ir relajada. Pues creo que es la franja horaria de todo el día en la que más cosas hago y todos los días voy pillada

 

  • No soy deportista. Dicho desde la perspectiva de que hago deporte (y no flojillo) entre 5 a 6 días a la semana es un poco contradictorio (como yo misma enterita) pero he llegado a esta conclusión sobre todo por el ANTES. El DURANTE y el DESPÚES son mis momentos. Podría asegurar que no hay tía en todo el planeta que tenga más endorfinas que yo mientras hago ejercicio y una vez que he acabado, ahí toda sudorosa. Pero amiga, no hay NI UNA SOLA VEZ, que antes de ponerme a la faena no piense que pudiera estar haciendo otra cosa mejor: bien sea durmiendo (muchísimas veces y si no, mira el punto 1 a la hora que me toca diana), no haciendo nada (la mayoría aunque rara vez me pillas en una de estas) o comiendo (casi todas la veces)

 

  • Y a pesar de tanto ejercitarme nunca, nunca, nunca conseguiré tener la tableta de Elsa Pataky. A ver, que si es un poco menos, no me importa, pero es que hay un generoso pliegue que no consigo quitar de mi perímetro abdominal allá me mate a abominables (como dice mi amigo Julián). Que mis hijos digan que les encanta mi “barriguita flanin porque si hay un ataque de misiles me rebota” me trastoca aún más. Me encanta que les encante, pero lo de “flanin” (mecagoensumadre ,”$%&&&%%”””··!!!)

 

  • Llegado este punto que sabes que me mato a hacer ejercicio, pensarás: “tiene satisfacción personal, y aunque no consiga marcar su SixPack, seguro que está adelgazando mogollón” ….ummmmm.. TAMPOCO. Hay veces que he deseado tener un desajuste genético superraro para darle explicación al hecho de que no soy capaz de adelgazar un solo gramo. Me he quitado el azúcar, los procesados, como más fruta y verdura que nunca y.. no hay manera. Pues nada, he asumido que llámalo el destino, llámalo  lo que sea, la naturaleza considera que estoy genial en este que he denominado mi “peso muerto”. No es que me parezca bien, pero podía haberme preguntado

 

  • Hay una lámina de Lucia Be que dice “hay gente a la que le caes mal, asúmelo”. Y no pasa ná. Seguramente, después de destripar mi vida en estos cafés le caigo peor a mucha más gente que antes de hablar de mis cosas. No les culpo yo, hay días, que me caigo fatal. Y no es que sea yo una persona de querer caer bien a todo el mundo ni nada por el estilo pero si me pasa con gente que digo  “pero que coño le he hecho yo a esta/e tia/o??” Pero como vuelvo a que otra cosa que me ha enseñado el Mindfulness es que cada uno de nosotros somos un iceberg (Se ve la punta pero .. ¿y todo lo que hay debajo?) pues tampoco me llevo mal rato.  ! Pues eso, que a mis 44 tacos no voy a andar convenciendo a nadie que soy una tia cojonuda. El que quiera, que lo vea

 

Por consiguiente este es el resumen más menos que he conseguido hacer, seguiré a lo largo de mi vida, metiéndome en jardines de donde salgo normalmente, peor parada de lo que me gustaría, pero es que no sé irme a la cama pensando que no hice lo que me salió del alma (no quiero decir más tacos que hay días  que mi madre me lee)

Y así llego al final de esta disertación que para poco más sirve que para quedarme más a gusto y para que se nos vayan algunos de los fans. Pero tranquis, que ya lo dijo Bruce Lee, “Be water, my friend” (que no tiene nada que ver con esto, pero oye, tan ricamente aquí lo planto.

Venga, hasta el siguiente café…

 

 

 

2 Replies to “EL CAFÉ DE LOS VIERNES Y LA ACEPTACIÓN DE LA CUARENTAÑERA”

  1. Jajajaja ja. Me parto contigo Cristina!!!
    Me ha encantado el post. Hombre, no me ha gustado que digas que no adelgazas… eso es una putada (que me perdone tu madre si lo lee), pero me encanta cómo lo cuentas. Aceptación… de eso una a ser mi post del pasado lunes, pero me ha tocado aceptar que no podía publicarlo… en fin…

    Que me ha alegrado mucho leerte. Que pases buen finde!!!
    Besos

    1. Una gran putada, si señor!! Gracias por pasarte, Regina

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