EL CAFÉ DE LOS VIERNES Y .. LAS INFANTAS SEGUIMOS EN LAS PISTAS

Pues hoy soy la Infanta Cristina y al hilo de lo que te comentaba mi hermana el otro día, voy a seguir con el tema nieve.

Parece que hemos desanimado a más de una con el tema esquí con los enanos, pero amiguis, lo que es, es. Si nos sigues desde hace algún tiempo sabrás que no edulcoramos las cosas y que no nos ponemos cuquis si no es estrictamente necesario. Por ello, no te puedo decir que ir a esquiar con los niños es lo más Pinterest del mundo, porque la realidad es que es… UN PUÑETERO INFIERNO. Y eso te lo cuenta una a la que le encanta este deporte. Calcula si no me gustara.

Que si. Que cuando bajas la pista y ellos van detrás o delante es una gozada. O cuando les ves disfrutar tanto se te cae la baba. O que piensas cuando sean mayores y te dejen atrás será genial… Pero no te puedo engañar. Es duro. Hace más de 10 días que hemos vuelto y aún me duelen hasta las pestañas de cargar esquís. Es la realidad.

Y es chungo empezando por la maleta. Cuando yo me iba a esquiar con mis amigos. Me llevaba mi supermaleta con mis cosas: Mis variados equipos para esquiar, y otros tantos para el copeo (dios mio!! Si salía de copas después de esquiar y estaba como una rosa!!!…). Porque igual de importante era el momento pistas como el momento fuera de ellas. En este último viaje no me preguntes por el después. A las 5 de la tarde tenía unas ganas de meterme en la cama tal cual si fuese sueca… y mis pollos como el conejito de duracell.

Total, que si me habrá cambiado todo, que me ha cambiado hasta la maleta. En esta ocasión yo llevaba un pantalón de esquiar, unos leggings (puestos) -sí, ya llega un momento en el que se pierde la elegancia para según qué cosas –  y 3 pares de bragas (no sea que una más me fuera a ocupar muchísimo en la maleta). Si llego a tener una urgencia tipo gastroenteritis aguda hubiera tenido que ir por Candanchú en pijama (que total, ya puestos…)

Tooodo para ellos: Por si se mojan, por si se calan, por si se hacen pis, por si se hacen pos, unos sacos por si hace frío, las cremas para que no se abrasen (aunque se hayan abrasado igualmente), los entretenimientos (para que no me den el viaje), las botas, los cascos, las almendras (que son muy buenas después de hacer deporte)…

Una vez que has cargado y descargado todo del coche, cual mozo de Mercamadrid, ubicado a los chiguitos, alquilado el material, pegado el madrugón padre para ser los primeros en las colas, encajadas las botas de todos con la correspondiente sudada (no sin mi camiseta térmica, que en estos casos me es superutil … ), colocados forfatis, hechos los pises correspondientes, reuntados de crema y con todo listo… llega EL MOMENTO: Ese momento en que dejas a los niños con SUS profesores. Porque si Dios no me ha llamado por el camino de la enseñanza, te aseguro que de la enseñanza del esquí muchísimo menos.

Y  aunque los susodichos te hayan costado un ojo de la cara (que yo creo que se pensaban que éramos las Infantas de verdad y en realidad iban a dar clase a Leonor y Sofía) es TU MOMENTO para bajar pistas como si no hubiera mañana y lo das por bien invertido aunque comas patatas el resto del mes. Y aunque sean las dos horas más cortas de tu vida.

Y en el fondo, ves a tus pollos de lejos coger una percha, deslizarse por la nieve y disfrutar y dices: SI, ha merecido la pena. Aunque pasadas esas dos horas te vuelvas a replantear todo y pienses: Volveré el año que viene??? Pues aunque me relea este post y piense “ni de coña” seguramente la respuesta será SI

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